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Trump desclasifica los archivos ovni que guarda el Pentágono: qué podemos esperar

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Nando Dominguez
(@nandomdb)
Noble Member Admin
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El presidente de Estados Unidos ha ordenado al Pentágono y a otras agencias federales que identifiquen y publiquen todos los archivos gubernamentales relacionados con vida extraterrestre y ovnis

El presidente de EEUU, Donald Trump, anunció ayer en su plataforma Truth Social, la desclasificación de los expedientes sobre los Fenómenos Anómalos No Identificados (UAP, del inglés Unidentified Anomalous Phenomena), denominación técnica para observaciones inexplicables en el cielo que llevan décadas acumulando polvo en cajones clasificados del Gobierno estadounidense. "Basándome en el enorme interés mostrado, voy a dar instrucciones al Secretario de Guerra, y a otros departamentos y agencias relevantes, para que inicien el proceso de identificación y publicación de archivos gubernamentales relacionados con vida alienígena y extraterrestre, fenómenos aéreos no identificados y objetos voladores no identificados, así como cualquier otra información relacionada con estos asuntos tan complejos pero extremadamente interesantes e importantes", escribió el presidente estadounidense.

 

La declaración llegó horas después de que Trump criticara a su predecesor Barack Obama por unas declaraciones públicas sobre vida extraterrestre. En una rueda de prensa informal a bordo del Air Force One, Trump acusó a Obama de haber filtrado información clasificada, asegurando que "no debería haber hecho eso" y añadiendo que el propio presidente "no sabe si son reales o no". Trump zanjó el asunto con la siguiente frase: "Puede que lo saque del apuro desclasificando". Obama, por su parte, había reconocido que la vida extraterrestre era estadísticamente probable. "El universo es tan vasto que las probabilidades de que haya vida ahí fuera son buenas", dijo. Aunque seguidamente matizó que él personalmente no había visto evidencias y que sus comentarios se produjeron en una entrevista con preguntas rápidas, distendida e informal.

 

Pero la tensión entre el Gobierno y la opinión pública sobre este asunto no es nueva ni se limita a un intercambio entre expresidentes. El 9 de septiembre de 2025, una audiencia ante el Grupo de Trabajo de la Cámara de Supervisión y Reforma Gubernamental para la Desclasificación de Secretos Federales ya había puesto sobre la mesa la frustración de buena parte del Congreso. La congresista Anna Paulina Luna, que preside el grupo de trabajo sobre UAP, acusó al Pentágono y a la comunidad de inteligencia de "falta de transparencia", denunciando que al grupo de trabajo se le ha denegado el acceso a vídeos y archivos relacionados con incidentes de UAP. "El pueblo estadounidense no es frágil y no necesita que lo protejan como a niños de la realidad", afirmó Luna. En la apertura de esa misma audiencia fue aún más directa: "Durante demasiado tiempo, el asunto de los Fenómenos Anómalos No Identificados ha estado envuelto en secretismo, estigma y, en algunos casos, en un rechazo absoluto".

La desclasificación plantea un dilema. Gran parte de los datos sobre objetos inusuales en el cielo están clasificados por razones de seguridad comprensibles. Los sensores que los detectan son tecnología punta cuyas capacidades no conviene revelar a potencias rivales. Si los objetos hubieran sido fabricados por el enemigo, hacer públicos esos datos equivaldría, en la práctica, a anunciar las debilidades del sistema de defensa estadounidense. A esto se suma el hecho de que ninguna agencia de inteligencia quiere admitir públicamente que hay cosas que no puede identificar, especialmente con los presupuestos que maneja. Sin embargo, existe una solución intermedia que defiende Avi Loeb, astrofísico de la Universidad de Harvard. El investigador propone desclasificar los eventos de hace cincuenta años o más. Las tecnologías empleadas hace medio siglo ya no son sensibles desde el punto de vista estratégico, y liberar esos datos históricos podría acelerar significativamente la investigación científica sin comprometer la seguridad nacional actual. "Cuando el presidente Obama habló de objetos no identificados, es muy posible que esa información fuera clasificada", asegura el investigador. "Sin embargo, eso no descarta la posibilidad de que algunos de esos objetos puedan representar tecnologías extraterrestres. Para determinar su origen, necesitamos datos más precisos. En la mayoría de los casos, esos datos más precisos simplemente no existen".

El propio Loeb, cuyas columnas semanales publicamos aquí, lidera el Proyecto Galileo, una iniciativa científica independiente que opera tres observatorios —en Massachusetts, Pensilvania y Nevada— y que analiza millones de objetos en busca de anomalías que no puedan explicarse como tecnología humana conocida. "Si encontramos evidencias de tecnologías humanas avanzadas, compartiré esa información con el Pentágono", afirma Loeb. "Pero mi interés principal es la tecnología extraterrestre. El Pentágono se centra en los sistemas fabricados por humanos. Nuestros intereses son complementarios, no solapados".

 

Ahora falta por ver si la desclasificación ordenada por Trump se materializa con rigor o se acaban censurando partes importantes, como sucede con los archivos de Epstein. Aun así, lo que sobreviva a la censura, o lo que se pueda sacar a la luz revirtiendo las técnicas usadas para ocultar información, puede al menos darnos pistas de qué saben los Gobiernos y qué llevan décadas fingiendo que no saben.

 



   
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